- Tengo que confesarte algo.
Al escuchar esas palabras inmediatamente se apoderó de mí una horrible sensación. Algo me decía que esta vez realmente había algo. Sus ojos distantes mirando hacia algún punto fijo en el techo, su voz tenue pero decidida, la seriedad de su expresión, todo me lo indicaba.
Estábamos en la cama. Yo despertando de un corto sueño después de la deliciosa sesión de sexo que habíamos tenido; ella despierta no se desde cuándo, quizás sin haber llegado a dormirse.
Hacía casi dos meses...
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