Estás sentada ante tu ordenador. Tan solo llevas puesto tu corpiño bien ceñido y unas medias negras con tus zapatos de tacón. Esperas así la llegada de tu amo.
De pronto lo sientes a tu espalda. No te giras. Sabes que el no desea que lo hagas y esperas. Sientes sus manos acariciarte el pelo. Notas como te lo recoge suavemente con una pinza y deja libre tu espalda y hombros. Apenas unos leves mechones se enredan en tu cuello.
Dejas caer tu cabeza hacia atrás y sus ...
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