Mi Diosa está sentada en su trono. Para llegar a él es preciso subir cuatro
escalones. Yo me encuentro alargado boca abajo a lo largo de los citados
escalones, con la misión y el objetivo de chupar y lamer (como siempre,
afortunadamente) los divinos y extraordinarios pies de mi maravillosa Ama.
Ella viste un conjunto extremadamente excitante y provocador: Corsé negro
que apenas logra cubrir sus exuberantes pechos, bragas, ligas, medias y zapatos
negros de tacón altísimo y muy puntiagudo. Se pueden imaginar el aspecto
profundamente dominante y mandatario de ...
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