Después de la corrida de los tres quedamos estirados en el sofá Alex a mi
lado y Yola enfrente de los dos, por lo visto mi vecina era la que menos se había
cansado pues al poco rato y maldiciéndonos por las sendas enculadas que le habíamos
propinado, nos cogió nuestras respectivas pollas y empezó a chuparlas lenta
pero fuertemente, al poco la preciosa polla de Alex estaba dura como una piedra,
la mía poco a poco iba cogiendo forma, Yola empezó a lamer los huevos de Alex
haciendo que esta levantara las piernas completamente de forma que el rosado ano
quedara totalme...
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