Una nube de mosquitos persiste en nublar nuestra vista, pero Kunta no parece
hacer caso de ellos. Es que estos africanos están acostumbrados a esto. Como
si tampoco el calor ni la fiebre tifoidea lo afectara, avanza a puros
machetazos, abriendo surcos en la infernal selva amazónica. Mi mujer y yo,
detrás de él , casi desfalleciendo del cansancio pero sin cejar ni por un
instante en alcanzar nuestra ansiada meta: La mítica tribu de los indios
Garonpudos del Amazonas.
Es que con Mirta, mi mujer, recorrimos todos los lugares del mundo en busca
de experiencias sexuales....
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