Capítulo I La llegada.
La cara de la azafata, reflejada en el espejo, estaba completamente
desencajada. Jadeó una vez más mientras abría desmesuradamente los ojos, una
fina capa de sudor perlaba su labio superior, y su respiración demostraba que
estaba a punto de correrse de nuevo. Su falda, por encima de la cintura,
mostraba unas redondeadas caderas y unas nalgas respingonas que yo aprisionaba
con deleite mientras me ayudaba para impulsarme más dentro de ella. Estaba de
espaldas a mí en un servicio del avión, y ya había perdido la cuenta de las
veces qu...
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