Besé a Johanna en la boca y apenas opuso resistencia.
Apretaba sus tetas contra mi pecho. La volví a besar. Minutos más tarde estábamos
enredados en apasionados besos. Jamás pensé que resultaría tan fácil. Era
obvio: el calor, la libido regada por todas partes, la privacidad, su juventud,
mi experiencia... y nos gustabamos.
Despegué los labios y le eché por primera vez una descarada
mirada a las tetas. Decidí romper la baraja.
- Quiero comerte, Johanna...
No, no, no puedes... Soy virgen. Todo tiene remedio,
Johanna. Se puede gozar ...
Cantidad total de caracteres: 7987
Leer todo el relato erotico |
Reportar abuso
Enviar relato a un amigo
Escriba sus comentarios
Debe iniciar sesisn para escribir sus comentarios