Media hora más tarde llegué a casa, aun exhausta y casi dolorida en todo mi
cuerpo tras la sesión de sexo desaforado al que me había entregado.
Necesitaba una ducha reparadora, de agua fresca y reconfortante, así que pasé
directamente al cuarto de baño, me quité la ropa de la que no me había
despojado anteriormente y entré en la bañera dispuesta a enfriarme con el
chorro de la ducha. El agua me cayó como del cielo, estaba fría y apetecible
en una tarde tan calurosa de verano. Así estuve durante un rato largo, sin
prisas, disfrutando al tiempo que recordaba ...
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