Las Vueltas que Da el Mundo I
Nadie podía saber lo que había pasado. Nadie debía siquiera intuirlo. Aquel tenía que ser el pequeño “gran” secreto de los dos. Nadie, pero lo que se dice nadie, debería de saberlo, porque la vergüenza, y sobretodo el miedo, serían irremediables.
Era un frío día de febrero. Uno de esos fines de semana en los que su padre no trabajaba el sábado habían hecho que Juan fuera con toda su familia a casa de la abuelita Marcela. Allí, con ella, vivían sus tíos, Armando y José, este último un solterón de más de treinta años sin novia y pon pocas espe...
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