Tercera parte
Quedé inmóvil por unos segundos, con los ojos cerrados y jadeando, aun de rodillas sobre el pecho de mi mamá. Bajo la mirada y la veo a ella, también con los ojos cerrados, también jadeando, con tremenda cara de cansancio, empapada de sudor, con su cabello rubio y rizado pegado a su precioso rostro de niña, que además estaba cubierto de mi semen. Lo tenía desde la carita hasta el pecho, pasando por su cuello. Sus senos, esas 2 hermosas y firmes esperas de carne también se hallaban teñidos de machas blanquecinas.
¿Mama? – le pregunté para ver cómo estaba.
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