Abrí mis ojos y ahí estaba ella, tirada a mi lado, desnuda, con ese hermoso par de tetas colgando y los pezones duros, como si tuviera frío, yo estaba desnudo y tenia en mi mano la tanguita negra de encaje, esa que anoche me había vuelto loco, la cama estaba hecha un desastre, las sabanas revueltas, una almohada bajo la cabeza de Virginia y la otra sabe dios donde..., manchas de semen en el centro de la cama, ahí recordé el glorioso momento que Virginia me pidió que le acaba...
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