Llegué un día a casa. Dispuesto a dar batalla. En esta ocasión no tomé la píldora del vigor que hace que se le pare con dureza y firmeza la verga que uno tiene para darle placer a la mujer que quiere uno te haga todo.
Al ser un hombre preocupado y conciente de que a la mujer los hombres solo se la cogen y no la poseen, opte por toda mi vida ser el que siempre da placer, lograr que ellas sean las del orgasmo primero y luego esperar que ellas tomen su tiempo y me den lo que a mi me gusta, el placer oral y la eyaculación en su boca o en sus pechos o en su ...
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