Eran las seis de la tarde de un miércoles y después de unos días bastante agitados en la oficina de Julio César, tratábamos de relajarnos un poco, por lo que fuimos al Súper a hacer algunas compras: vino, galletitas, quesos, etc. Más que todo lo que queríamos era dar una vuelta por allí. Terminamos de elegir los productos que compraríamos, nos dirigimos a la caja para efectuar el pago y ¡Vaya Sorpresa! Allí mismo en la fila estaba Laura. A Julio César casi se le "desorbitan" los ojos de la emoción cuando la vio, recuerden que en la anterior ocasión cuando estuvimos e...
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