Me llamaste aquella noche desesperada, asustada. Mi móvil
sonó a las tres de la madrugada y me produjo temor y extrañeza ver tu nombre
en la pantalla del aparato . Hacía sólo unas horas que habíamos tomado café
y unas copas. Te llevé a tu casa y ahora me despertabas -¿Eva?.-
-¡Dime!.-
-Soy Sonia.- Tu voz parecía temblorosa, dubitativa.
-¿Te pasa algo?.-
-Lo siento, no he debido llamarte...es que ....-
Sonia estaba angustiada. Como buena psicóloga intenté
calmarla.- ¡Anda! ¡Cuéntame!.-
- Es para ver si nos pod...
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