Siempre llega un momento en las fiestas en las que me comienzo a comportar de
una manera un poco extraña.
Es el punto en que todo el mundo va un poco pedo, incluida tú. Comienzas a
pasar de todo. Cuando te das cuenta de que ya no te apetece bailar, te quedas en
un rincón, con expresión profunda, y comienzas a meditar sobre Dios sabe qué
cosas.
Ese era el punto en el que estaba en la fiesta de la facultad. La gente bailaba
en el aparcamiento música un poco hortera para mí, así que me quedé
reposando la merluza, apartada de todo el mundo, sentada sobre el ...
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