Ella había aceptado mis condiciones y yo las suyas. Tras mucho discutir,
llegamos a un acuerdo. Haríamos por fin realidad las fantasías de las que
tanto hablábamos a diario en el chat, pero esta vez, en persona, en un hotel.
Ella vendría a verme, buscaría un hotel y me llamaría diciéndome donde y
cuando, yo llevaría los preservativos (imprescindibles en esta época) y ella
la nata. Nada de nombres, dejaríamos los sentimientos a un lado. Por unas
horas, seria puro sexo y gozo animal, por la mañana en el desayuno ya trataríamos
esos sentimientos que cada uno llevaba e...
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