- Todo empezó aquel día, yo estaba en mi habitación, acababa de llegar de la facultad, y me había estado martirizando la imagen de las pequeñas braguitas y ese jugoso tesoro que le había visto a mi profesora de arte, justo cuando se agachó y separó las piernas para recoger ese milagroso boli que cayó al suelo, yo ávido de sexo como buen cachondo que soy vi como se transparentaban en sus braguitas aquellos carnosos labios recubiertos de una mínima cantidad de dorado pelo, casi se salian de la apretura de esos interiores de gasa azul traslúcida, pero lo que mas me calentaba la cabeza y no hablo ...
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