Ella era tetona. No hay otra manera de decirlo. Uno se daba cuenta que ella tenía ojos luego de varios minutos de verla, ya que sus tetas atraían toda la atención de todo el mundo.
En verano, sus ajustadas remeras eran una provocación permanente.
Era delgada, lo que hacía resaltar aún más el enorme tamaño de sus pechos.
¡Y cuando corría! Se me hacía agua la boca al ver sus tetas bambolearse...
Lo mejor de todo fué tocarlas... Suaves y firmes, de pezones duros y rosados... Los lamí con tanto ahínco que parecía que era la última vez que lo iba a hacer...
La recuerdo de rodillas, ...
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