Me subí al colectivo, el 2, en la parada de Venezuela y Entre Rios. Eran las 7 de la tarde de un miércoles de un otoño inusualmente caluroso. O más que caluroso, húmedo. El bondi, encima, venía lleno. Resignado, puse mis monedas, tomé mi boleto y encaré para el fondo. Iba a ser difícil pasar, pero hubo una mirada, allá atrás, entre tantas caras desconocidas, que me dio fuerza. Fue una mirada breve, fugaz, pero fuerte. Para vos, la dueña de la mirada, también fue fuerte, aunque te dio un poquito de pudor y seguiste mirando por la ventana. Estabas parada, de la mitad para el fondo. Trataste de...
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