No, yo no soy ningún putón, aunque admito que a veces lo parezco. Qué le vamos a hacer.
Todo comenzó por una discusión tonta. Estábamos Teresina, Marcos, Darío y yo el otro día tomándonos un café en mi casa, charlando de cosas sin importancia, cuando no sé ni cómo, surgió el tema de la ropa. Tengo que decir en mi alegato que yo soy muy mía para estas cosas, vamos, que trapo que me gusta, trapo que me pongo. Normalmente a todos les gusta cómo suelo vestir, y yo encantada, claro. Pero aquel día Darío se me reveló. Me miró fijament...
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