Oscar sintió temblar sus piernas.
El muchacho miraba instintivamente a un lado y otro, por encima de sus hombros, por que sabía que en cualquier momento iba a ser penetrado con violencia. Los dos negros mas jóvenes le seguían sujetando fuertemente los brazos mientras el más mayor trabajaba con grandes lengüetazos el agujero rosado y virgen de su culito, preparando la follada que le iba a transportar al séptimo cielo y que hacía correr grandes gotas de sudor perlado por la frente del joven adolescente. Su mayor fantasía se iba a convertir en realidad pero no por ello descendía el miedo t...
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