Cuando Ana llegó a nuestra casa esa noche, a punto de iniciar una crisis de llanto, no imaginé el rumbo que tomaría nuestra relación de hermanos.
Mirtha estaba levantando la mesa donde recién habíamos terminado de cenar y nuestro plan para esa noche era escuchar un cd de Jazz que había comprado cuando venía a casa de vuelta de la oficina. El sonido del timbre de nuestro departamento interrumpió mis preparativos con el equipo de música y a regañadientes fui a ver quien osaba interrumpir una velada que prometía ser interesante. Mi hermana estaba apoyada en la puerta, con el cabello algo d...
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