Su verga se tensó al contacto de mi mano que la agarró por la base con una
caricia suave y firme descubriendo el capullo morado, que se mostró en todo
su esplendor provocando mi deseo más ansioso de tomarla con mi boca.
Su mano acarició mi cabeza despacio como indicándome el camino sin forzarme,
una sugerencia sutil y provocadora. Mi mirada se clavó en sus ojos por unos
instantes para transmitirle el apetito voraz que me despertaba la situación,
las ganas de comérmelo todo sin dejar nada.
Acaricié sus huevos mientras lo miraba y después, sin dejar de agarrarle la
pija p...
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