Desde muy chica, Ana siempre había tenido las tetas más grandes que cualquier otra chica de su clase. Aún en primer año del secundario, medía 90 de busto, y ahora, la dulce quinceañera tenía un busto de 110 cm. Ser tetona le venía de familia, dado que sus dos hermanas mayores medían de 115 para arriba y su madre así como dos de sus tías, medían 140. Tampoco era que fueran vacas gordas, sino que las chicas Estévez, sin ser flacas raquíticas, eran bien formadas y saludables, como su padre se refería a su madre. Esto también se aplicaba perfectamente a Ana.
Dados sus obvios atributos, Ana ...
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